martes, febrero 2

Escitalopram. Nuevamente... síndrome de discontinuación de ISRS

Por un tonto descuido, es decir, por la negligencia que provoca un fin de semana atareado, estoy transitando nuevamente por el síndrome de retirada del escitalopram.

Contexto rápido: llevo cuatro años tomando 10 mg diarios y actualmente me encuentro bastante estable (un año y medio sin ataques de pánico ni terapia).

Me encuentro en la oficina, ya son mas o menos cuatro días sin tomar el medicamento.

Francamente, no me siento triste ni angustiada, pero sí muy mareada. La mala noticia es que tengo que manejar 20 kilómetros hasta mi casa y me siento algo inestable.

La sensación es como "apretones" en el cerebro. Muy similar a cuando uno no duerme bien y toma un shot de expresso doble.

Hace un año intenté dejar de tomar el medicamento y los síntomas fueron idénticos. A la semana, empecé con una tristeza devastadora.

He notado, empero, que a diferencia de la vez pasada, estoy de muy buen ánimo, muy sociable, pero con destellos de esa extrañeza que se presenta en los ataques de pánico (muy leve), calambres en las piernas... y con un poco de escurrimiento nasal. ¿Serán síntomas de la retirada? es probable.

Evidentemente, no quiero sentirme mal ni tentar al diablo, así que esta misma tarde, al llegar a mi casa, tomaré mi dosis acostumbrada de fármacos (o hasta veinte mg... equis, soy chava). En próximos post narraré los resultados de la revaloración psiquiátrica anual. 

ACTUALIZACIÓN DEL DÍA SIGUIENTE:

En la noche me sentí peor. Cesaron los dolores de cabeza, pero a pesar de tomar 20 mg, empecé a sentir una tristeza apabullante. Hoy por la mañana amanecí como si nada. Chale.

jueves, enero 21

Tubos de Helio


Y las rojas me hacen volar, y las azules me hacen caer, y yo pienso que me estrellaré el cerebro contra el techo...

lunes, enero 18

La edad de la razón

Explorando más allá de las barrabasadas del dichoso "eneagrama" y el simplismo de la teoría de los cuatro humores de Hipócrates, existen clasificaciones que intentan explorar ciertos arquetipos, no tan complejamente como Jung, pero que nos permiten descifrar las motivaciones de determinados "tipos de personas".

Así tenemos que hay gente absolutamente práctica a la que le pesan demasiado los rodeos (la mayoría de los jefes), sanguíneos que ponen en primer lugar su relación con otras personas (no se conciben solos en el mundo), flemáticos que gustan de los rodeos sin aterrizar nada en la vida, egocéntricos que NUNCA escuchan a los demás (que están condenados a servirles de oreja), paranóicos que desconfían hasta de su sombra y complacientes a los que les pesa que la gente se llegue a sentir incómoda con ellos.

Claro que cada una de estas personalidades tiene sus pros y sus contras. Yo, esencialmente soy del último tipo: complaciente hasta la náusea. Me genera mucho malestar pensar que la gente puede estar incómoda conmigo, tanto que a veces sacrifico mi propio bienestar por el de ellos. He de decir que es desgastante, pero ME GUSTA SER ASÍ, NO ME CONCIBO DE OTRA MANERA.

Yo me lo explico diciendo que soy buena por convicción y naturaleza. Ciertas temporadas he pensado que la gente me admira por eso, pero la verdad es que con el tiempo he visto más bien que les vale madre y dicen "pobre fulana". Pero finalmente... creo que así deben ser las cosas. Odio las peleas, odio los ataques frontales, siempre soy la que lanza un comentario chistoso cuando hay tensión porque odio la tensión, me gusta imaginar que, tal como decía mi perfil en el "oráculo maya" (jaja), estoy en el mundo para catalizar energías y neutralizarlas. O sea, soy como una composta (jajaja).

Hoy me acordé de esto porque un gato me hizo enojar: no sólo entró a mi casa a comerse mi comida, sino que orinó mi pasillo y ensució mi patio. Estuve a punto de matarlo con carne y vidrio, pero no pude hacerlo. Prefiero la vida a la muerte, aunque eso me cause tensiones que me mantienen despierta de noche. No sé, quizá a veces debo ser más dura... o inyectarme algo como testosterona para ser más ruda.



Bueno, al menos mi personalidad ahora tiende más a un punto medio. Hace unos diez años, el simple hecho de pensar en matar gatitos me hubiera hecho llorar toda la noche. Ahora de verdad lo consideré, pero rechacé la idea muy kantianamente.

¡Estoy en plena edad de la razón! Una razón consecuente con el triple cánon de la razon pura (claro).

lunes, enero 11

El amor

El amor fue un gesto inocente, una risa de granadas que explotaron y se perdieron en... una nube de PELO.
El amor fue la primera declaración de amor.
El amor fueron unas manos que, ansiosas, se agitaron sobre mis piernas. 
El amor fueron un par de ojos verdes y una segunda declaración.
El amor fue una cabellera de ónix y una piel de leche.
El amor fue una revolución.
El amor fue una borrachera de mezcal.
El amor fue SEXO.
El amor fue "lo otro", la nada.
El amor fue poesía. 

Y cada vez más breve, más sencillo....

Oh my love, for the first time in my life
my eyes are wide open
Oh my lover for the first time in my life
my eyes can see...
I see the wind, oh i see the trees
Everything is clear in my heart
I see the clouds, oh i see the sky
everything is clear in our world...


Aniversario seis.

domingo, diciembre 27

...


lunes, diciembre 7

Escitalopram. Experiencia personal. Testimonio. Tomo escitalopram.

Para quien busque un testimonio personal acerca del escitalopram, mi experiencia es la siguiente.

Antecedentes

Toda la vida he sido una persona depresiva. Mi primera depresión fuerte vino después de un paseo familiar en 1989, cuando tenía ocho años. La situación familiar era complicada, supongo que ese fue el detonante, pero digamos que la carga genética estaba dispuesta para que en cualquier momento se encendiera la chispa.

En mi caso, la depresión y los ataques de pánico vinieron de la mano, por lo que puedo ubicar con exactitud el momento en el que todo se fue a la mierda. Mis síntomas eran los clásicos de un niño con depresión: miedos, llantos incontrolables, miedo a que mi madre se fuera a morir, etcétera (en esos años se dió el boom del SIDA en México, así que creo que también empecé con la hipocondria desde entonces).

De los ocho años hasta los 30 mi vida se puede resumir en subidas, bajadas, años buenos, años malísimos, pero sin ningún tratamiento serio. Los síntomas siempre han sido los mismos:

  • Miedo de tener una enfermedad incurable
  • Desesperanza
  • Falta de motivación
  • Sensación de vacío existencial (absolutamente nada tiene sentido)
  • Crisis recurrentes de ansiedad, que incluyen: temblores generalizados, hormigueos en el cuerpo, agitación general, presión alta, sensación de calor en los brazos, dolor en el pecho, miedo de volverme loca, necesidad de salir a espacios abiertos, náuseas, vómitos, diarrea, rumiaciones suicidas.
 
En alguna ocasión, tras una crisis suicida, me hospitalizaron en un servicio privado y empecé a tomar terapia y medicación (Paxil y Kriadex [paroxetina y clonazepam]), pero como interrumpí el tratamiento completamente a las dos o tres semanas, no hubo ningún efecto positivo, mas que un terrible aletargamiento que me hizo víctima de dos o tres fulanos (iba en la universidad).

Más o menos a los 24 tuve otra crisis severa de tristeza y llantos permanentes, lo que me llevó a tomar terapia psicológica (IMSS). Los resultados fueron muy buenos (yo diría que por el desahogo de años), pero también la abandoné al sentirme un poco mejor.

Sin duda, puedo decir que esta enfermedad me fastidió toda la vida y determino, en gran medida, mis vocaciones y elecciones profesionales, pero también mi vida afectiva. No tuve una relación sana hasta que empecé con medicación, porque la depresión me volvió una persona codependiente y violenta emocional. Incluso puedo decir que los primeros dos años de relación con mi esposo fueron una pesadilla que simplemente permaneció en pausa durante el embarazo. Mi teoría es que la progesterona tuvo un efecto positivo en mi ánimo.

 Durante los nueve meses de mi embarazo fui la persona más feliz del mundo, lucía increíble y me sentía radiante. Pero una vez nacido mi hijo, de nuevo todo se fue a la mierda. Tuve las crisis más fuertes de mi vida, una tras otra, alimentadas por el estrés laboral y uno que otro evento horrible (presencié un par de accidentes).  Fui a parar al servicio de urgencias de un hospital público porque pensé que me daba un paro cardiaco. Más tarde, en su desesperación, una noche mi esposo optó por llevarme al servicio de emergencias del Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, donde me estabilizaron y canalizaron a los servicios de un Centro Comunitario de Salud Mental. En esa ocasión me recetaron sertralina y clonazepam.

Como todo el mundo sabe, en México los servicios públicos de psiquiatría son tremendamente precarios, obsoletos, lamentables y tardados. Debido a ello y a la desesperación con la que requería atención, opté por tomar terapia privada con un psiquiatra que terminó siendo el encargado de un pabellón del Hospital Fray Bernardino. Nuevamente, la terapia resultó en mucho desahogo, pero yo diría que también fue muy estimulante (psicoterapia jungeana). En suma, empecé con la medicación en forma: dejé la sertralina y empecé a tomar escitalopram (Etalokare) y clonazepam (Kriadex en gotas).

Tratamiento químico.

Empecé el tratamiento tomando 5 mg de escitalopram, es decir, media pastilla y 7 gotas de clonazepam que fueron disminuyendo hasta convertirse en 3. Durante una semana, no tuve efectos visibles, pero el Clonazepam me ayudó mucho. Aun así, tuve una crisis muy fuerte en el metrobús, y un policía tuvo que hacer labor de contención en la estación Insurgentes de la línea 12 del metro (que en ese entonces estaba recién inaugurada), según él, para que "no me aventara a las vías" (já).

A partir de la segunda semana, con 10 mg, el efecto empezó a ser fantástico, sedante, casi mágico. Todo, absolutamente todo, empezó a importarme un pepino. Por otro lado, no tuve ningún efecto secundario, acaso un poco de aletargamiento, que más bien podría ser atribuible al clonazepam. Poco a poco empecé la recuperación con el apoyo del psiquiatra. Hasta que un buen día decidí abandonar la terapia porque simplementa ya no tenía nada que decir y la consulta me salía bastante cara. En suma, dejé de tomar el clonazepam (con autorización medica), que era el único medicamento con el que me pedían receta en la farmacia.

El buen efecto del escitalopram me ha mantenido muy bien durante cuatro años. He tenido algunas crisis, pero no se comparan en nada a las que tenía antes. Ahora simplemente camino un poco, respiro, racionalizo lo que me pasa y dejo que las sensaciones de desesperanza se marchen. También me ha ayudado mucho el blog de Rafael López.

El psiquiatra me decía que, con la ayuda del antidepresivo, poco a poco se abrirían nuevas conexiones en mi cerebro y respondería de maneras diferentes a los estímulos. Dichas respuestas se afianzarían y las otras vías, las de la ansiedad y la depresión, quedarían inactivas, como un camino abandonado.

Después de un año, retomé el seguimiento psiquiátrico en los servicios del ISSSTE, donde me indicaron seguir otros tres años tomando el medicamento (o sea, cinco en total). Actualmente voy en el cuarto año, y muy pronto solicitaré revaloración anual.


Observaciones

Realmente no sé por qué el clonazepam es controlado y el escitalopram no. Supongo que porque el primero es usado por los cocainómanos para tranquilizarse cuando están "paniqueados", y además es peligrosamente adictivo. Pero se supone que el escitalopram, al afectar la química cerebral, también debería ser controlado... pero a mi simplemente me lo venden en cualquier farmacia. Esa "facilidad" me ha permitido tomar varias marcas:

  • Etalokare ($800)
  • Lexapro ($400)
  • Lamobrigan (no recuerdo)
  • Escitalopram de Mavi ($90)
  • Escitalopram de AMSA ($90)
  • Escitalopram de PiSA (ni idea del precio)
  • Pratal (o algo así... me lo dan en el ISSSTE). 

... y todas, TODAS, funcionan IGUAL.

Dos veces he intentado dejar la medicación porque mi vida marital es un asco, pero los resultados han sido horribles: dolores de cabeza, calambres, mareos y sensación de desesperanza. Supongo que el día que decidan quitármelo absolutamente, tendré que retirarlo limando pastilla por pastilla para no tener efectos secundarios. Pero sinceramente ya no pienso en eso: si me dijeran que debo tomar escitalopram el resto de mi vida estaría bien. Creo que vale la pena, incluso aclarando que soy una persona con el hígado debilitado. No importa, supongo.

lunes, noviembre 30

Escitalopram. Qué es. Historia. Dosis. Efectos secundarios. Síndrome de retirada (o abstinencia)

He notado que muchas personas entran a este blog buscando información acerca del Escitalopram. Un tiempo pensé hacer videos al respecto, pero qué mejor que armar un catálogo con la información fidedigna que he encontrado. A continuación una compilación que se irá ensanchando con el tiempo.




FICHA MÉDICA. ESCITALOPRAM

http://www.vademecum.es/principios-activos-escitalopram-n06ab10

Este sitio contiene información general del medicamento. Es preferible consultar el prospecto antes de buscar información por partes.


ESCITALOPRAM: MECANISMO DE ACCIÓN EN VIDEO

https://www.youtube.com/watch?v=46Nu1aYRZuY

(No creer demasiado en la afirmación de que lexapro tiene un mecanismo más eficaz en relación a otros ISRS).


COMPARATIVO: ESCITALOPRAM VS CITALOPRAM

http://www.ops.org.bo/textocompleto/rnc253.pdf

Incluye estudios comparativos y factores de tipo comercial que pudieron afectar la puesta en venta del escitalopram tras la pérdida de patente del citalopram por parte de Lundbeck.


COMPARATIVO: ESCITALOPRAM VS OTROS ANTIDEPRESIVOS

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD006532.pub2/abstract

Artículo muy completo (en inglés).


SÍNDROME DE RETIRADA

https://jrblan.wordpress.com/2011/06/07/retirada-y-dependencia-procesos-diferentes-que-pueden-confundirse/

Se trata de un artículo que habla de la diferencia entre el síndrome de retirada y el llamado "síndrome de abstinencia" de los ISRS, grupo al cual pertenece el Escitalopram.


EFECTOS DE LOS ANTIDEPRESIVOS EN EL PESO CORPORAL

En este caso no hay documentos que yo pueda recomendar, pero para conocer los efectos de los ISRS sobre el apetito, se puede revisar con ciertas reservas:

http://www.tcasevilla.com/archivos/influencia_de_los_psicofarmacos_en_el_peso_corporal2.pdf

 El escitalopram, al ser un Inhibidor de la recaptación de la serotonina, tiene efectos en aquellos aspectos relacionados con dicho neurotrasmisior, que no sólo se reducen a las emociones:

- Apetito
- Deseo sexual
- Respuesta sexual
- Sueño...

Para ver una lista exhaustiva:

https://es.wikipedia.org/wiki/Receptor_de_5-HT

Sin embargo, la respuesta de cada organismo puede ser diametralmente opuesta. A mí me da sueño y hambre nadamás, pero he sabido de casos en los que genera insomnio y falta de apetito.


ESCITALOPRAM, DISFUNCIÓN SEXUAL Y "DRUG HOLIDAYS".

http://suite101.net/article/disfuncion-sexual-inducida-por-antidepresivos-irss-soluciones-a23956#.Vl3HT17mjbY

Las vacaciones de medicamento son a riesgo de cada quién. Yo prefiero no tentar al diablo...


domingo, noviembre 29

...

Contrario al resto de la gente, YO SÍ SÉ DE QUÉ ME VOY A MORIR:

1. Cirrosis hepática: 50% de probabilidad

2. Diabetes 30%

3. Accidente automovilístico 10%

4. Suicidio 5%

5. Infarto al miocardio 5%

Aunque al final puede ocurrir una combinación de eventos.


¿Qué me dirían los decretadores cohelianos acerca de esto? pues que yo misma estoy predicando de lo que me voy a morir. Pero yo no predico nada, soy realista y sé que es muy poco probable que deje de comer galletas y gorditas de chicharrón y me ponga a hacer ejercicio.

No estoy motivada, sólo es eso. Y esta tarde me duele el hígado perrón.

lunes, noviembre 23

Bancos de arena



Y de repente llega el momento en el que me doy cuenta de que no soy feliz y ya no sé si soy la loca de las depresiones o la vieja drogada a la que hasta el sudor le huele a escitalopram, o de plano mi verdadero ser se esfumó cuando fallidamente intenté recitar mantras mientras me venían las contracciones uterinas, porque luego mi cuerpo no quiso responder y entonces todo se volvió turbio y lejano…

Yo presumiendo un matrimonio ejemplar, una maternidad comprensiva, un trabajo inmejorable. Vacía de ideales, qué digo ideales, de ideas: el día se reduce a un soundtrack en el que suenan una y otra vez las mismas canciones que alguna vez me provocaron sensaciones absolutamente estéticas, pero ahora sólo sirven como ruido blanco… no hay ideas en el momento cumbre del día: la comida. La vida se reduce a una espera: esperar todo el año para las vacaciones de navidad, esperar la quincena, la hora de la salida, la hora de dormir, la hora de comer, el momento del postre, la hora de poner la cabeza en la almohada y soñar con mundos lejanos que se advierten mucho más satisfactorios que la vigilia…

[Pero estoy en la oficina y de repente alguien afirma que hay una plaga de “arañas invisibles” a las que les gusta  anidar en el cuello de las personas, noto que yo misma tengo muchas, pero a diferencia de los demás, a mí las arañas sí me dan cosa, entonces camino por los pasillos del edificio que se van ensanchando indefinidamente, ya no se trata de un edificio corporativo, sino de una especie de clínica donde unas señoras esperan junto a un árbol y de repente pescan unas manzanas hermosas, rojas, apetitosas… yo las observo detrás del cristal y corro del otro lado, mas entonces la clínica se vuelve una llanura infinita con bancos de arena que intentan tragarme. Yo me escapo con facilidad… pero nunca puedo agarrar una manzana, pinche manzana, y yo que le traía tantas ganas.]

La muerte: sigo temiéndola, odiándola, padeciéndola antes de su llegada. Tal vez debería añadirla a los momentos cumbre que hay que esperar, dentro de esa lista sin sentido…

-          Sabés qué, me parece que sos una muerte de acá, medio berreta, medio pelotuda, poco profesional, aburrida. No sos una muerte torera, una muerte guerrillera, una muerte Formula 1, sos una muerte cola de jubilados, una muerte tristeza de manicomios, una muerte monobloc de departamentos, una muerte de barrio y de programas de televisión, una muerte mediocre, anónima, cobarde…
A la mierda los derechos de autor.


Tengo un trabajo que no me gusta, dos horas y media de regreso, noche a noche  a un lugar donde no quiero estar. Platicar de lo mismo: cosas cotidianas. Que si el gas, la llanta que todavía se sale del presupuesto al que sólo yo abono. Cuando estoy con mi pequeño ya se me acabó la paciencia y a veces le digo –Déjame descansar tantito, trabajé todo el día… si es que a simular se le puede llamar trabajo. Pero es que yo quería derecho, y luego historia, y luego artes plásticas... el promedio no me alcanzó y aterricé en filosofía. Y ahora trabajo de pedagoga.

Jaaaaaaaaa. Quien toma Foamy I y Foamy II ahora…

¿De qué sirvió pagar terapias de a seiscientos pesos la sesión? Bueno, conocí a  Akenhatón, y entonces ese disco de Philip Glass (si, el mismo que se presenta hoy en el Museo de Antropología, $7,000 el boleto) adquirió sentido.  Y nada más… conocí a ese tipo inalcanzable que de plano me bateó de su logia, o más bien nunca me habló de ella. Yo que me creía ser la elegida, ja.

O quizá todo es el resultado de la weba, no sé. Pero no se le pueden pedir muchas ganas a alguien que le sonríe idiotamente a todo el mundo porque en su cerebro flotan, suspendidas, sustancias que no pueden cumplir su función porque la hipófisis (que debería tragárselas) está absolutamente taponeada. No tengo motivación, no tengo resistencia. Tengo una inconformidad ante actos que yo misma he consentido por no saber qué hacer  con mi endiablada vida. ¿Será acaso que estoy viviendo tiempo extra, y entonces por sí misma mi vida ya no tiene sentido?

jueves, noviembre 5

La ventana de las apariciones


domingo, octubre 18

Mi hígado me odia



jueves, septiembre 17

Tania (o "por qué no se puede confiar en ellas")

Tania tenía el ritmo a flor de piel. Hacía falta únicamente el golpeteo de alguna percusión para que empezara a contorsionarse como sacerdotisa africana. Físicamente, tenía la apariencia de una mulata. Cuánto envidié su pelo rizado, que se amoldaba perfectamente en un chongo o podía flotar, suelto, haciendo resplandecer su cobrizo color por las calles de la Roma.

 Todo encajaba perfectamente, su apariencia daba cuenta de su personalidad, tan llena de bondad, libertad, desenfado, frescura. Era la única que nunca hacía caso cuando nos pedían vestir formales para alguna junta especial. Le valía madre y se ponía su rebozo más colorido. Casi siempre iba de chanclas y a mí me encantaba contarle mis cosas.

Creo que fue “mi mejor amiga” hasta que un día me confeso, tan natural, que cuando ella hacía amigos, los metía tan dentro de su corazón que ganaba el derecho de tener fantasías sexuales con ellos. ¡Agh!

Desde entonces, decidí que prefería la amistad de personas que, aunque no tuvieran ni una pizca de poesía en su pútrido ser, fueran mmmm, más del tipo “flemático”. Y no me arrepiento, pues un día Tania se encabronó conmigo, se encabronó con todos, le gritoneó a la jefa y se alejó como la madre que promete querer a sus hijos por siempre y a continuación los abandona.

Beh.

martes, enero 6

La vida haciendo bizcos

ÉL está esperando que YO me apure y así pueda presumir ante no se qué entes lo chingón que es, siendo que la chingona, la que se apura, la que se sacrifica soy yo. Pero a mi me vale madres, porque para acabar pronto, no me cuesta nada y es así como me gusta sortear la vida: haciendo bizcos, haciendo como que escribo un gran tratado, pero en el fondo sólo pensando en la brisa del mar, o en el menú de la semana, o en mi hijo, o en los detalles morbosos de la relación entre Gloria Trevi y Sergio Andrade.

Una vez, en una junta, dos camaradas se debatían entre posiciones complementarias (a mi juicio) sobre el quehacer de la lucha emancipatoria que llevará al proletariado al triunfo en la lucha de clases, y yo (después de haber decidido que eran posiciones complementarias) me sustraje en un lápiz y un cuaderno. Ellos se lucían, lanzaban sus mejores combos retóricos, y después de dos horas pidieron mi opinión. Yo sólo me reí, y a cambio les mostré un dibujito donde se podían ver sus flacuchas figuras diciendo algún chistorete. -¿A poco  no se parecen?- Pregunté. -¡Pensamos que estabas escribiendo lo que decíamos...!- reclamaron. Desde entonces, sé que tengo un don: el don de mirar la vida pasar, mientras hago bizcos.

Tú sigue hablando, pensando que me torturas, ganándote mis créditos. A mi no me interesa, puesto que yo le encuentro mucho placer a la contemplación, a la simulación. Lo que a otros les lleva una tarde entera, yo lo hago en dos horas. Y si, ahi stá tu mugre tabla.

lunes, diciembre 8

Somos un río

Yo también lo hice: un domingo sin nada que hacer revisé mis viejos diarios (que también son escritos) y me puse a añorar los amores del pasado.

Qué chafa, uno piensa en los otros como si siguieran existiendo, sin envejecer, sin haber conocido a otras personas, sin acumular hijos y/o kilos de más.

Hice un experimento, contacté a varios de ellos para ver con qué me encontraba. No lo niego, también pensé que podría compartir un viejo sentimiento conocido, pero el madrazo se me rebotó como eco distorsionado. Y no fue una vez, fueron varias:

  • El que me llamaba de madrugada para confesarme su amor, bajita la mano, me dijo gorda. 
  • El que me escribía canciones y me citaba en uno de sus sitios mágicos, prácticamente dijo: -no molestes, que tengo una boca qué alimentar. 
  • El que quería casarse conmigo, dijo que sería interesante encontrarnos nuevamente... entre unas sábanas. 
  • Y otro que viajaba más de cuatro horas para verme los fines de semana ni me contestó. 

 Y pues no, mis queridos amigos, nada es como parecía, se confirma la tésis heráclea: ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε.

 Fin.

jueves, diciembre 4

Sin título.

Huele a viejo, a buenos días, buenas tardes, buenas noches. Gracias, si, si, si. Nada pasa. La novedad de la semana es que sobrevivimos una semana más sin un derrame cerebral. Qué estrés, pero de ese estrés malhumorado, con olor a polilla, fastidioso: estrés con dolor de cabeza.

Un taconeo: vivir para trabajar, para comprarse un par de zapatos "de buena marca, pero todavía baratos". El tinte L'oréal París Imedia Excellence en tono rojo borgoña . La chamarra abrigadora como colcha, para cruzar hacia el estacionamiento. Pero hay que seguir pensando en los zapatos y el tinte como los principales protagonistas de la tarde: de la casa al auto, del auto al edificio. De ahí a la fonda, a comer. Luego al edificio, luego al estacionamiento. Luego a la casa, luego a la cama. Ad Infinitum.

Por su parte, los caballeros gozan el prestigio de una buena corbata comprada en el palacio de hierro, y unos zapatos italianos para que un chamaco se los bolee. Posar el pie sobre la pequeña caja de madera los hace sentir Jack de Titanic, o más bien como si estuvieran haciendo la capiseñal. Ja.

Pero todos, Todos, TOOODOS lo sabemos: somos unos fantoches, la vida está afuera, en el corazón que late fuerte por una jovencita que lo inspira a luchar por una vida mejor, por tener algo que ofrecer, por hacer una vida decente. En el que sale a la calle a protestar para no sentirse una vieja rata obrera, sino una persona crítica, que pueda incidir en la realidad. En el padre al que le mataron un hijo y ya no tuvo de otra. En el tierno adolescente que se da cuenta de que puede rebelarse, en el necio activista de los noventas que se vanagloria al ver a las nuevas generaciones salir a las calles.

Compas, compas, compas. Muchos jóvenes, pocos viejos como nosotros, espero que se impongan a perder lo poco que tienen y a ganar el mundo, y no les pegue el pánico que los oficinistas con olor a rancio tenemos ante la expectativa de perder... lo poco que tenemos.

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