jueves, julio 10

Escitalopram: síndrome de retirada

Una semana entera fui absolutamente feliz, porque no tomé medicamento alguno y mi hígado me lo agradecía. Hasta lo sentía reír bajo mi costilla derecha, como el peluche que pongo a continuación:


Lo triste de todo esto es que, si bien una parte mí renacía, otra degeneraba al abismo de la depresión (de nuevo): el cerebro.

Primero fueron calambres en el hemisferio derecho, luego dolor de cabeza. Luego mareos inaguantables. Náuseas, cansancio. Ataques de pánico (dos). Y para coronar, volvió la depresión, misma que me gusta "ilustrar" con la figura de un Dementor (puesto que no hay otra mejor para mí).


De hecho, creo que hasta fantasee con suicidarme. 

Esa es la historia de la tercera derrota histórica que he vivido tras querer dejar el Escitalopram, o Lexapro, o Etalokare, o Lamobrigan. 

Sin embargo, puedo decir que me sentí tan bien y tan renovada al volver a tomarlo, que me arrepentí de querer dejarlo. Creo que me moriré de cirrosis, o de obesidad mórbida, o de pobreza (la caja para un mes cuesta aprox. $1,000), o a manos de mi esposo "defendiendo su honor" (ja). Pero al menos moriré feliz (felicidad artificial o no, ¿qué importa?).

lunes, junio 23

No aguanté

Ni modo.

¿O tengo que ser perfecta?

jueves, junio 19

Síndrome de abstinencia

Ya dejé el Escitalopram. Ni me acuerdo cuantos días llevo, pero los que sean constituyen un gran logro en mi vida. Es más, hasta me dan ganas de llorar, investigar quién lo inventó y darle un besito en el cachete.

Na, miento. No tengo ganas de llorar, pero me gustaría. Eso querría decir que estoy recuperando mi sensibilidad.

Hace dos años la situación en el trabajo era muy estresante. Ahora me vanaglorio pensando que la carga que ahora tengo es NADA comparado con aquello, es que era el doble... qué digo el doble, el cuádruple de lo que tengo ahora. Veo a dos biólogos por semana y trato de conducirlos, muy mayéuticamente, por un diálogo fructífero que nos permita lanzar dos cursos por cuatrimestre. En ese entonces, tenía a ocho mercadólogos.

Un día se me juntaron esos ocho, mas otras dos personas, yo no sabía que hacer. Y en la noche troné: me dio un ataque de pánico terrible que confundí con un ataque al corazón, que igual me mandó al Hospital. Pasaron los meses y fui arrastrando ese cuadro de ansiedad. En suma, me detectaron una enfermedad que requirió un tratamiento muy, muy pesado y estresante. Todo esto culminó con una visita de urgencia al Hospital Psiquiátrico y psicoterapia de varios meses. Primero tomé Sertralina, pero poco después me la cambiaron por Escitalopram, y Clonazepam de cajón.

Se dice fácil, pero todo esto fue muy, muy duro, más que un parto (¡el parto es una vacación comparado con esto!). En todo trastorno psiquiátrico confluyen una serie de factores genéticos, vivenciales y circunstanciales que hacen de la vida un dulce o un auténtico infierno. En mi caso, tengo una tendencia genética a la depresión y a la angustia, mismas que se ven exacerbadas por mi curiosidad natural... y dicho sea de paso, esa es la clave de mi hipocondria/ miedo a la muerte. He vivido momentos tan terribles que no le deseo a nadie. Lo más absurdo de esto, es que no tienen una razón objetiva. Todo ha sido producto de mi mente.

Con la retirada del Escitalopram termina una fase de mi vida, espero poder fundar un nuevo paradigma en el que pueda controlar la angustia por mí misma, y poder disfrutar al mismo tiempo de mis emociones. Y si se puede, claro, deseo bajar por fin de peso y mantenerme bien despierta todo el día. Por ahora, sigo con el síndrome de abstinencia a todo lo que da (mareos, escalofríos del lado derecho de la cabeza, náuseas y jaqueca), pero tengo la confianza en llegar gloriosa al final del túnel. Además todo es mejor que esto:


martes, junio 17

...

Hace una semana empecé mi tratamiento con mucho cuidado y esmero: además de escitalopram, nitrofurantoina cada seis horas y metformina cada 24, en dosis de 425 mg. A partir de entonces, se sucedieron los siguientes eventos:
  • Al tercer día, me empezó a doler el hígado (graso). 
  • Suspendí la nitrofurantoína, segura de que esa fue la causa. 
  • Con la metformina me dió diarrea.
  • Descubrí que tomando la metformina después de la comida (no antes, ni durante), ya no me da diarrea ni hambre en las noches.
  • Me empezaron a doler las manos por las noches de nuevo.
  • Con la intención de dejar descansar mi hígado un poco, SUSPENDÍ EL ESCITALOPRAM. ¡HORROR!
  • A una semana, me empezaron los mareos, me duele el cuerpo, especialmente la cabeza, y siento como si  me fuera a dar gripe, pero no me siento ansiosa. Ni un poquito. 

Sé que no he hecho caso al (los) médico (s) y está mal. Sé que no he ido a consulta y no se vale, porque luego termino llorando, llamando a mi mamá en la madrugada, absolutamente convencida de que tengo un mal incurable. Pero por el momento, me siento bien, y con eso me conformo.

Quiero estar tranquila, sin subir de peso, sin que me duela el hígado, sin morirme de sueño por la mañana. Quiero sangrar todos los meses como todas las mujeres normales, no tener antojos horribles por las tardes, depender sólo de mi y no de estas mugrosas pastillas que sólo me enferman mas. Ya no quiero volver con el psiquiatra, no es bonito ser una loca que va al hospital por las madrugadas. No quiero tenerle miedo al dolor físico, a la muerte. Sólo quiero ser normal, como todo el mundo, o la mayoría. O como los que son felices, pues.


http://jrblan.wordpress.com/2011/06/07/retirada-y-dependencia-procesos-diferentes-que-pueden-confundirse/

jueves, junio 12

Mariposas traicioneras

Acabo de descubrir que los médicos de mi trabajo manipulan la información para que uno contrate un seguro médico de METLIFE o se tome los medicamentos que sus visitadores médicos les piden. Un día me dijeron que tenía 119 de azúcar, cuando a los pocos días, mi análisis de sangre en un laboratorio arrojó 100.

Malhaya sea su becerra. Y luego piden que uno confíe en ellos.


Castración (química)

Se dice, en algunas páginas que he leído al azar, que los antidepresivos son empleados (con un alto grado de eficacia) para la castración química en los países en los que es permitida para prevenir la reincidencia de delitos sexuales. Sobre todo, en el caso de pedófilos.

La idea me parece excelente, pero no tanto cuando me acuerdo que yo tomo un antidepresivo. El hecho arroja la conclusión de que yo ESTOY QUÍMICAMENTE CASTRADA. Mi esposo, palabras más o palabras menos, opina lo mismo.

Aparte de eso y que propicia el aumento de peso, otro dilema, particular al antidepresivo que tomo, es la SOMNOLENCIA.

Ojalá pudieran leer esto mis jefes. Pero no diré nada. Sigo pensando en ir con el médico a llorar mi pena y a pedirle que me cambie el medicamento. He pensado sugerirle la Wellbutrina, pero no sé. Já.


martes, junio 10

...

  • Escitalopram (para la angustia. Una al día. Para siempre. Metabolizado por el hígado)
  • Complejo B (con Diclofenaco, para la neuropatía. Una al día. Un mes. Metabolizado por el hígado)
  • Nitrofurantoína (para la escherichia coli, cuatro al día, por quince días, metabolizado por el hígado)
  • Omeprazol (para la gastritis, una al día, por una semana. Metabolizado por el hígado)
  • Metformina (para la resistencia a la insulina, una al día, seis meses. No metabolizada)
  • Hidroclorotiazida (para el entumecimiento de manos, cada cuatro horas, una semana. No se metaboliza)

Tengo que tomar todos estos fármacos. Pero como son muchos y sufro de hígado graso, no me tomo ninguno (salvo el primero, porque si no me lo tomo, muero).

¿Y si me tomo el segundo en la mañana, el primero en la tarde y el cuarto en la noche? Oh, pero ¿qué tal si juntas, forman una grave interacción medicamentosa? ¿Y las otras dos?

SUSPENSO.

Nota: cabe señalar que ninguno de estos medicamentos son automedicados. Todos fueron recetados... pero por diferentes doctores.

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Actualización: 
  • Escitalopram. Tomar en la noche, después de la cena (9-10 pm). Indefinido (hasta que me receten otro ansiolótico menos latoso).
  • Nitrofurantoína. Tomar 1, 6 am, 12 pm, 6 pm, 12 am. Por quince días.
  • Metformina. Tomar después de la comida (3 pm). Indefinido.
  • Complejo B. Suspender. Comer más cereales de grano.
  • Omeprazol. Suspender. No comer irritantes.
  • Hidroclorotiazida. Suspender definitivamente. 




Sentencia el día de hoy (o "pobrecito de mi esposo")

El escitalopram elimina la líbido y aumenta de peso, aun cuando es fantástico para la ansiedad y depresión.

Sé que con ello me estoy diciendo GORDA MALCOGIDA. Pero al pan, pan.

En fin, tengo que visitar al psiquiatra para ver si me cambia la medicación. Sirve que bajo de peso y mi esposo ya no sufre (por partida doble).

lunes, junio 2

Y le creo...




Generalmente, cuando los médicos me dicen que no tengo nada, no les creo. Salvo que haya un estudio de laboratorio de por medio.

Y bueno, hoy le creo a la Dra. que no tengo diabetes, sino una neuropatía horrenda. Mi examen de glucosa salió en 100.

¡Albricias!


viernes, mayo 30

L'enfer c'est les autres

Noooo, Google no es Skynet. O tal vez sí, pero también es el Ministerio de la verdad orweliano: se ocupa de las noticias, el entretenimiento y (¿o?) la educación, controla el pasado, el presente y el futuro.

La historia está próxima a extinguirse...

Hoy en el metro vi a un individuo tirado en el andén. Nadie le hacía caso, puede que incluso estuviera muerto. Mi miedo al infierno me obligó a mirarlo, confirmar que respiraba, para que así alguien se ocupe de mí en el juicio final: -es que alguna vez demostró ser humana, no le eran indiferentes los indigentes (já). Pero igual continué al trabajo, a perpetuar el aberrante orden de las cosas (me acordé de "El ser y la nada"... ¿ha existido otro título más ambicioso que ese?).

Tal vez el hombre en realidad estaba muerto. Pero si Google lo decide, ni siquiera existió (aunque El Universal y La Jornada lo hubiésen publicado).


Quizá en el futuro la resistencia esté constituida por una serie de seres "anonymous" que administren un buscador alterno que respete nuestro derecho a existir.

Sin embargo, es tentadora la oferta de gozar del derecho a "ser olvidada".

jueves, mayo 29

El libro de los destinos

Combinación numérico-simbólica del calendario mesoamericano para la fecha juliana 22 de mayo de 1981. 1. Definir el número juliano:
 a) 1981 - 1 = 1980
 b) 1980 x 365.25 = 723195
 c) número de días del 1 de enero de 1981 al 22 de mayo del mismo año = 142
 d) número juliano = 723195 + 142 = 723337 2.

Establecer la cifra del tonalpohualli:
e) 723337 + 61 = 723398 f) 723398 / 260 = 2782.3 g) 0. 3 x 260 = 78 = cifra del tonalpohualli

3. Fijar la combinación numérico-simbólica según el tonalpohualli:
h) la combinación número 78 corresponde al trece pedernal, matlacueyi tecpatl.

4. Determinar el marcador del año que corresponde a esta fecha.
i) Sumar 309 al número juliano 723337: 309 + 723337= 723646
j) Dividir esta cantidad entre 365: 723646/ 365 = 1982.591780821918

Se deduce que el año es el 1983 de las series toltecas.
k) Dividir 1983 entre 52 y multiplicar su residuo por 52: 1983 / 52 = 38.13461538461538 0.13461538461538 x 52 = 7
l) Corresponde al marcador chicueyi calli, ocho casa.

En conclusión, la combinación numérico-simbólica del calendario mesoamericano para la fecha juliana 22 de mayo de 1981 es el 13-pedernal, del año tolteca 8-casa.

martes, marzo 18

Malditos sean todos



lunes, diciembre 9

On drugs (oda al Clonazepam)

¿Y qué? me encanta el efecto casi instantáneo del Clonazepam, cómo la Loratadina desaparece de inmediato los estornudos, cómo el Lexapro hace que todo se me resbale, jabonosamente. Y así con el Glucophage, los multivitamínicos, la Nimesulida, el Ibuprofeno...

Dicen que uno no debiera tomar tantos medicamentos, porque "hace mal a la salud". Diantres, pues en definitiva en ocasiones el remedio sí puede salir peor que la enfermedad, pero no en mi caso. Si yo dejo mi frasco de Clonazepam me muero.

viernes, octubre 4

¿Por qué a mi?

Pensando en dos o tres malas experiencias que tuve últimamente, me he quebrado la cabeza tratando de entender por qué me pasaron a mí, dado que como perfecta necia no puedo soportar que las cosas devengan (ja) nada más porque sí.

He llegado a conclusiones interesantes, quizá obvias para otros, pero luminosas para mí: la razón de todo cuanto acontece (ya sea bueno o malo) tiene su razón de ser en la ley universal de Causa-efecto (si ofendí a alguien, diciendo que para qué mierdas se fue a vivir a las faldas de un cerro y me niego a ser solidaria con su tragedia cuando le cae el cerro encima, luego tengo problemas para cobrar un cheque y no puedo disponer del dinero que ya me gané... ahí nomas para darme un llegue).

Sin embargo, esa ley no se contrapone a la piedad cristiana, o mejor para decirlo de una manera budista, la balanza kármica también se equilibra por medio de los Pāramitās. Pero no se trata de que yo sea objeto de la piedad, o la benevolencia de alguien más para no tener que pagar las que debo: más bien, yo debo ser virtuosa y hacer el bien para disolver un poco de lo malo que he hecho (idealmente, sin querer) y para ya no volverlo a hacer. Sería eso o sufrir eternamente y vivir en la orfandad espiritual.

No, Leibniz: no somos relojes sincronizados. Somos balanzas que se encadenan unas con otras, o la maquinaria de un reloj infinito donde lo que hace uno afecta al otro. Un algoritmo imposible de descifrar, pero fácil de comprender cuando nos advertimos a nosotros mismos en el otro, quizá sin la necesidad de un Dios. 

La honestidad, paciencia, tolerancia, respeto, sinceridad, bondad, amabilidad, ecuanimidad que practiquemos desinteresadamente a favor del prójimo, y la determinación, frugalidad, sabiduría, esfuerzo, determinación y serenidad que practiquemos con nosotros mismos, siempre nos hará sentir bien, nos dará sabiduría y nos liberará del mal y nos acercará al absoluto del cual provenimos y queremos regresar, gozosos. Esa es la razón por la cual el imperativo categórico kantiano está más vigente que nunca: para que no nos sobrevengan tragedias y luego preguntemos mirando al cielo: ¿por qué a mi?

lunes, julio 1

El grito

Hay muchas maneras de interpretar la angustia patológica: como la ausencia de ciertos neurotransmisores, como la necedad insatisfecha de dominar a los demás (una buena mujer me dio esa muy schopenahueriana perspectiva), como la incapacidad de lidiar con las irracionales emociones (así la entiende mi psiquiatra, que más bien es jungeano), o simplemente como cierta sensibilidad con la que algunos advertimos al mundo. Independientemente de las verdades que se predican sobre la angustia, yo, mujer multidiagnosticada como generalmente angustiada (ja), no encuentro mejor definición de mi mal (¿don, sensibilidad?) que aquella que pintó y relató Edvard Munch en su diario:

“Paseaba por un sendero con dos amigos - el sol se puso - de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza...” Edvard Munch. 

Y no, no, no: nuevamente se comprueba que el arte no es mímesis, es una forma de representar una realidad, y una realidad por sí misma...


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