lunes, diciembre 8

Somos un río. Decadentes, así somos.

Yo también lo hice: un domingo sin nada que hacer revisé mis viejos diarios (que también son escritos) y me puse a añorar los amores del pasado.

Qué chafa, uno piensa en los otros como si siguieran existiendo, sin envejecer, sin haber conocido a otras personas, sin acumular hijos y/o kilos de más.

Hice un experimento, contacté a varios de ellos para ver con qué me encontraba. No lo niego, también pensé que podría compartir un viejo sentimiento conocido, pero el madrazo se me rebotó como eco distorsionado. Y no fue una vez, fueron varias:

  • El que me llamaba de madrugada para confesarme su amor, bajita la mano, me dijo gorda. 
  • El que me escribía poemas y me citaba en una de sus mágicas calles, prácticamente dijo: -no molestes, que tengo dos bocas qué alimentar. 
  • El que quería casarse conmigo, dijo que sería interesante encontrarnos nuevamente... entre unas sábanas. 
  • Y otro que viajaba más de cuatro horas para verme los fines de semana ni me contestó. 

 Y pues no, mis queridos amigos, nada es como parecía, se confirma la tésis heráclea: ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε.

 Fin, y déjate de melancolías baratas.

jueves, diciembre 4

Sin título.

Huele a viejo, a buenos días, buenas tardes, buenas noches. Gracias, si, si, si. Nada pasa. La novedad de la semana es que sobrevivimos una semana más sin un derrame cerebral. Qué estrés, pero de ese estrés malhumorado, con olor a polilla, fastidioso: estrés con dolor de cabeza.

Un taconeo: vivir para trabajar, para comprarse un par de zapatos "de buena marca, pero todavía baratos". El tinte L'oréal París Imedia Excellence en tono rojo borgoña . La chamarra abrigadora como colcha, para cruzar hacia el estacionamiento. Pero hay que seguir pensando en los zapatos y el tinte como los principales protagonistas de la tarde: de la casa al auto, del auto al edificio. De ahí a la fonda, a comer. Luego al edificio, luego al estacionamiento. Luego a la casa, luego a la cama. Ad Infinitum.

Por su parte, los caballeros gozan el prestigio de una buena corbata comprada en el palacio de hierro, y unos zapatos italianos para que un chamaco se los bolee. Posar el pie sobre la pequeña caja de madera los hace sentir Jack de Titanic, o más bien como si estuvieran haciendo la capiseñal. Ja.

Pero todos, Todos, TOOODOS lo sabemos: somos unos fantoches, la vida está afuera, en el corazón que late fuerte por una jovencita que lo inspira a luchar por una vida mejor, por tener algo que ofrecer, por hacer una vida decente. En el que sale a la calle a protestar para no sentirse una vieja rata obrera, sino una persona crítica, que pueda incidir en la realidad. En el padre al que le mataron un hijo y ya no tuvo de otra. En el tierno adolescente que se da cuenta de que puede rebelarse, en el necio activista de los noventas que se vanagloria al ver a las nuevas generaciones salir a las calles.

Compas, compas, compas. Muchos jóvenes, pocos viejos como nosotros, espero que se impongan a perder lo poco que tienen y a ganar el mundo, y no les pegue el pánico que los oficinistas con olor a rancio tenemos ante la expectativa de perder... lo poco que tenemos.

jueves, noviembre 27

Odio a Bob Dylan y a Andrés Calamaro

Bob Dylan suena como una maldita cabra jodona. Y Andrés Calamaro como Ruffo de los muppets.

Malditos sean. 

Bueno, la verdad es que yo odio a Dylan porque su puta canción "Like a rolling stone" es horrible, y el tono con el que dice "didn’t you?" me choca. Es como Lana del Rey en hombre.

Y a Calamaro porque se atrevió a cantar "Alfonsina y el mar". Es como Alejandra Guzmán en hombre.

miércoles, octubre 22

Sobre el conocimiento (o "escribiendo pendejadas en horas de trabajo")

El café me produce taquicardia, por eso estoy condenada a ingerir agua de calcetín por el resto de mi vida. Ya no queda nada de esa niña que se soñaba dominando el trapecio con su trajecito azul topacio sobre la cima del mundo: ahora soy una individua que le teme a los estimulantes del sistema nervioso central y hace uso de diversos instrumentos cibernéticos para vivir. Mi herramienta de trabajo se compone de pedazos de plástico y circuitos: un aula virtual, con alumnos que dicen ser reales y existir en algún lugar del universo. Pero yo no los conozco. Y es aquí cuando me acuerdo de aquel cursi poema de Benedetti que dice:

Lo que conoces
Es tan poco
Lo que conoces de mí


Conocer. Por millonésima vez en mi vida preguntaré ¿Qué es eso? Acúsenme, colegas, de ligera, pero en los últimos tiempos he sido testigo de discusiones que ponen en clarísima evidencia la insuficiencia de las respuestas que el mundo ya… ¿conoce? Jajaja. ¿O es que opinan ustedes lo contrario, que sólo debemos instruir a los ignorantes con los conocimientos ya dados, para terminar con esta lamentable situación? Callemos dos segundos y al tercero hagamos otra barbaridad: preguntémonos, no si conocemos, sino si en realidad es posible aquello que llamamos “experimentar”. Después de todo, antes que cualquier idea se suscite en nuestro intelecto, se presume, deben existir estímulos del mundo externo que las provoquen (evidentísima petición de principio). 

Yo experimento, tú experimentas, él experimenta, ¿nosotros experimentamos? Ese será acaso el criterio que conceda validez a lo que “conocemos”: la convención, la certeza común, el método científico rígido que se permite probarnos que no sufrimos alucinaciones, que un hecho es verdadero si hay testigos varios que perciben su existencia y su comportamiento (fijo o aleatorio de suyo). Pero ¿y qué tal si no existe el otro? ¿Qué hacer para asegurarse de que el otro existe? Después de todo, nadie hasta la fecha ha derribado esa latosa duda cartesiana que sugiere aporías indisolubles donde el sujeto crea un mundo de fantasía y convive con las unidades diversas en que su imaginación ha diseccionado “lo que experimenta con los sentidos” (yo no me atrevería a decir siquiera que hay un “otro”).

Vamos, deprímase y sáqueme con ello de mi solipsismo. Aunque seguro regresaré al punto muerto, y pensaré que yo pensé que existía un “otro” (usted), y que era capaz de deprimirse, y que podía derivar con ello que en realidad existía ese “otro” (usted), pero sólo se trata de una redonda extravagancia de mi imaginación.

Tal vez soy infinita y me atraganto de los datos que tengo de mí misma. Tal vez soy un manto, un mar salvaje que no tiene fin. Mi cabello se compone de estrellas, y mi intelecto es un hoyo negro que se absorbe a sí mismo para después explotar hecatómbicamente (uf, el término queda muy chico), generando mundos virtuales, atragantándose de datos, mismos que luego organiza de infinitas formas. Tal vez usted es yo, no existe el “ambos”, usted y yo somos uno.

Si usted y yo somos uno, la duda persiste. ¿Podemos conocernos? ¿Puedo conocer yo de la misma manera en que usted lo hace? Permítame hacer una prueba y muéstreme los sótanos de los que usted partió. No deje que me ahogue en sus códigos de letras y espacios, su oficio no me basta. Esos manchones tipográficos aparecen llenos de imaginación, pero carecen de vida. El prodigio está en la torpeza con que se anda, en los símbolos que se erigen voluntariamente con el propósito de reposar en el otro (sic) y transitar una, dos, tres, mil veces por los poros abiertos de la historia. Esa es la hazaña que deseo lograr mientras viva, mientras yo viva. Creencia, ciega y esperanzada, cuando no hay nada más sólo nos queda eso: construir caminos paralelos que convergen en un mismo punto desde donde observar la gran montaña, sin tocarse… sólo observando.

Pero no sabes nada 
a lo sumo 
piensas a veces 
que es tan poco 
lo que conozco de ti 
lo que conozco 
o sea tus nubes 
o tus silencios 
o tus gestos 
lo que conozco es la tristeza 
de tu casa vista de afuera 
son los postigos de tu tristeza 
el llamador de tu tristeza. 
Pero no llamas. 
Pero no llamo.

jueves, octubre 9

...


...Sangran mis muñecas abiertas
de donde salen 
las 
    ma
       ri 
          po
             sas
que formaban mi alma lo-ca
que gota a gota
me deja
        so
          la.

jueves, julio 17

Jueves

La bióloga está sentada frente a mi, pero a ella no le importo. Si acaso, le preocupa que la vea trabajar, pero sola se las arregla mejor. Por eso, con el desparpajo que me otorga un jueves de hueva (ah, providencia divina), me atrevo a pensar en temas misceláneos (¿personas?), como en aquel tipo que hizo sangrar mi corazón el día que me comunicó su decisión de irse a Alemania. O en aquel otro que me escribió un poema, pero decidió asumir un estilo de vida serio y ahora ya ni me contesta los correos.

El otro día soñé con otro (un tercero), que solía pintar mi nombre en las paredes de Querétaro. Fue un amor express que terminó en Garibaldi, una madrugada alcohólica y decadente. Después de eso, nada (medio se sintió culpable, pero, como a mi ya me empezaba a dar miedo, agradecí su ausencia y lejanía). 

Existe en alguna parte del mundo, un cuarto que acaba de tener un bebé. A ese no necesito soñarlo, pues sé de él cada que abro el Facebook. Como yo predije, la madurez le sentó bien: se viste y peina bien, y ha florecido. Pero esa obra ya ni beneficia ni me perjudica. 

***

Me distraigo y por ratos regreso al documento que estoy preparando. Fuente, estilo, párrafo. Ortografía, bah. Tengo ganas de escuchar a Camilo Sesto, pero sería una ofensa para la bióloga si me pongo los audífonos. Y a mi, ante todo, me gusta ser amable (tan amable como quisiera que hubieran sido conmigo cuando era niña).

Ahora, una imagen da vueltas por mi cabeza multitask, la del hombre que esperaba, el que llegó para quedarse. Rompe mi corazón con sus desdenes, pero sus besos me lo reconstruyen, con todo y alas de ligeras plumas. Es caprichoso, necio, reclama por un mundo que cree suyo, pero cuando me busca con sus manos, dormido, yo soy la que se cree la reina del universo. Morí de ternura por él cuando su padre me platicó de cómo salió la tarde de ayer de la verdulería, minúsculo, con su bolsita de naranjas apretada contra el pecho y el pantalón a rayas, sucio, ilusionado con la expectativa de poder disfrutar su sabor preferido. 

jueves, julio 10

Escitalopram: síndrome de retirada

Una semana entera fui absolutamente feliz, porque no tomé medicamento alguno y mi hígado me lo agradecía. Hasta lo sentía reír bajo mi costilla derecha, como el peluche que pongo a continuación:


Lo triste de todo esto es que, si bien una parte mí renacía, otra degeneraba al abismo de la depresión (de nuevo): el cerebro.

Primero fueron calambres en el hemisferio derecho, luego dolor de cabeza. Luego mareos inaguantables. Náuseas, cansancio. Ataques de pánico (dos). Y para coronar, volvió la depresión, misma que me gusta "ilustrar" con la figura de un Dementor (puesto que no hay otra mejor para mí).


De hecho, creo que hasta fantasee con suicidarme. 

Esa es la historia de la tercera derrota histórica que he vivido tras querer dejar el Escitalopram, o Lexapro, o Etalokare, o Lamobrigan. 

Sin embargo, puedo decir que me sentí tan bien y tan renovada al volver a tomarlo, que me arrepentí de querer dejarlo. Creo que me moriré de cirrosis, o de obesidad mórbida, o de pobreza (la caja para un mes cuesta aprox. $1,000), o a manos de mi esposo "defendiendo su honor" (ja). Pero al menos moriré feliz (felicidad artificial o no, ¿qué importa?).

lunes, junio 23

No aguanté

Ni modo.

¿O tengo que ser perfecta?

jueves, junio 19

Síndrome de abstinencia

Ya dejé el Escitalopram. Ni me acuerdo cuantos días llevo, pero los que sean constituyen un gran logro en mi vida. Es más, hasta me dan ganas de llorar, investigar quién lo inventó y darle un besito en el cachete.

Na, miento. No tengo ganas de llorar, pero me gustaría. Eso querría decir que estoy recuperando mi sensibilidad.

Hace dos años la situación en el trabajo era muy estresante. Ahora me vanaglorio pensando que la carga que ahora tengo es NADA comparado con aquello, es que era el doble... qué digo el doble, el cuádruple de lo que tengo ahora. Veo a dos biólogos por semana y trato de conducirlos, muy mayéuticamente, por un diálogo fructífero que nos permita lanzar dos cursos por cuatrimestre. En ese entonces, tenía a ocho mercadólogos.

Un día se me juntaron esos ocho, mas otras dos personas, yo no sabía que hacer. Y en la noche troné: me dio un ataque de pánico terrible que confundí con un ataque al corazón, que igual me mandó al Hospital. Pasaron los meses y fui arrastrando ese cuadro de ansiedad. En suma, me detectaron una enfermedad que requirió un tratamiento muy, muy pesado y estresante. Todo esto culminó con una visita de urgencia al Hospital Psiquiátrico y psicoterapia de varios meses. Primero tomé Sertralina, pero poco después me la cambiaron por Escitalopram, y Clonazepam de cajón.

Se dice fácil, pero todo esto fue muy, muy duro, más que un parto (¡el parto es una vacación comparado con esto!). En todo trastorno psiquiátrico confluyen una serie de factores genéticos, vivenciales y circunstanciales que hacen de la vida un dulce o un auténtico infierno. En mi caso, tengo una tendencia genética a la depresión y a la angustia, mismas que se ven exacerbadas por mi curiosidad natural... y dicho sea de paso, esa es la clave de mi hipocondria/ miedo a la muerte. He vivido momentos tan terribles que no le deseo a nadie. Lo más absurdo de esto, es que no tienen una razón objetiva. Todo ha sido producto de mi mente.

Con la retirada del Escitalopram termina una fase de mi vida, espero poder fundar un nuevo paradigma en el que pueda controlar la angustia por mí misma, y poder disfrutar al mismo tiempo de mis emociones. Y si se puede, claro, deseo bajar por fin de peso y mantenerme bien despierta todo el día. Por ahora, sigo con el síndrome de abstinencia a todo lo que da (mareos, escalofríos del lado derecho de la cabeza, náuseas y jaqueca), pero tengo la confianza en llegar gloriosa al final del túnel. Además todo es mejor que esto:


martes, junio 17

...

Hace una semana empecé mi tratamiento con mucho cuidado y esmero: además de escitalopram, nitrofurantoina cada seis horas y metformina cada 24, en dosis de 425 mg. A partir de entonces, se sucedieron los siguientes eventos:
  • Al tercer día, me empezó a doler el hígado (graso). 
  • Suspendí la nitrofurantoína, segura de que esa fue la causa. 
  • Con la metformina me dió diarrea.
  • Descubrí que tomando la metformina después de la comida (no antes, ni durante), ya no me da diarrea ni hambre en las noches.
  • Me empezaron a doler las manos por las noches de nuevo.
  • Con la intención de dejar descansar mi hígado un poco, SUSPENDÍ EL ESCITALOPRAM. ¡HORROR!
  • A una semana, me empezaron los mareos, me duele el cuerpo, especialmente la cabeza, y siento como si  me fuera a dar gripe, pero no me siento ansiosa. Ni un poquito. 

Sé que no he hecho caso al (los) médico (s) y está mal. Sé que no he ido a consulta y no se vale, porque luego termino llorando, llamando a mi mamá en la madrugada, absolutamente convencida de que tengo un mal incurable. Pero por el momento, me siento bien, y con eso me conformo.

Quiero estar tranquila, sin subir de peso, sin que me duela el hígado, sin morirme de sueño por la mañana. Quiero sangrar todos los meses como todas las mujeres normales, no tener antojos horribles por las tardes, depender sólo de mi y no de estas mugrosas pastillas que sólo me enferman mas. Ya no quiero volver con el psiquiatra, no es bonito ser una loca que va al hospital por las madrugadas. No quiero tenerle miedo al dolor físico, a la muerte. Sólo quiero ser normal, como todo el mundo, o la mayoría. O como los que son felices, pues.


http://jrblan.wordpress.com/2011/06/07/retirada-y-dependencia-procesos-diferentes-que-pueden-confundirse/

jueves, junio 12

Mariposas traicioneras

Acabo de descubrir que los médicos de mi trabajo manipulan la información para que uno contrate un seguro médico de METLIFE o se tome los medicamentos que sus visitadores médicos les piden. Un día me dijeron que tenía 119 de azúcar, cuando a los pocos días, mi análisis de sangre en un laboratorio arrojó 100.

Malhaya sea su becerra. Y luego piden que uno confíe en ellos.


Castración (química)

Se dice, en algunas páginas que he leído al azar, que los antidepresivos son empleados (con un alto grado de eficacia) para la castración química en los países en los que es permitida para prevenir la reincidencia de delitos sexuales. Sobre todo, en el caso de pedófilos.

La idea me parece excelente, pero no tanto cuando me acuerdo que yo tomo un antidepresivo. El hecho arroja la conclusión de que yo ESTOY QUÍMICAMENTE CASTRADA. Mi esposo, palabras más o palabras menos, opina lo mismo.

Aparte de eso y que propicia el aumento de peso, otro dilema, particular al antidepresivo que tomo, es la SOMNOLENCIA.

Ojalá pudieran leer esto mis jefes. Pero no diré nada. Sigo pensando en ir con el médico a llorar mi pena y a pedirle que me cambie el medicamento. He pensado sugerirle la Wellbutrina, pero no sé. Já.


martes, junio 10

...

  • Escitalopram (para la angustia. Una al día. Para siempre. Metabolizado por el hígado)
  • Complejo B (con Diclofenaco, para la neuropatía. Una al día. Un mes. Metabolizado por el hígado)
  • Nitrofurantoína (para la escherichia coli, cuatro al día, por quince días, metabolizado por el hígado)
  • Omeprazol (para la gastritis, una al día, por una semana. Metabolizado por el hígado)
  • Metformina (para la resistencia a la insulina, una al día, seis meses. No metabolizada)
  • Hidroclorotiazida (para el entumecimiento de manos, cada cuatro horas, una semana. No se metaboliza)

Tengo que tomar todos estos fármacos. Pero como son muchos y sufro de hígado graso, no me tomo ninguno (salvo el primero, porque si no me lo tomo, muero).

¿Y si me tomo el segundo en la mañana, el primero en la tarde y el cuarto en la noche? Oh, pero ¿qué tal si juntas, forman una grave interacción medicamentosa? ¿Y las otras dos?

SUSPENSO.

Nota: cabe señalar que ninguno de estos medicamentos son automedicados. Todos fueron recetados... pero por diferentes doctores.

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Actualización: 
  • Escitalopram. Tomar en la noche, después de la cena (9-10 pm). Indefinido (hasta que me receten otro ansiolótico menos latoso).
  • Nitrofurantoína. Tomar 1, 6 am, 12 pm, 6 pm, 12 am. Por quince días.
  • Metformina. Tomar después de la comida (3 pm). Indefinido.
  • Complejo B. Suspender. Comer más cereales de grano.
  • Omeprazol. Suspender. No comer irritantes.
  • Hidroclorotiazida. Suspender definitivamente. 




Sentencia el día de hoy (o "pobrecito de mi esposo")

El escitalopram elimina la líbido y aumenta de peso, aun cuando es fantástico para la ansiedad y depresión.

Sé que con ello me estoy diciendo GORDA MALCOGIDA. Pero al pan, pan.

En fin, tengo que visitar al psiquiatra para ver si me cambia la medicación. Sirve que bajo de peso y mi esposo ya no sufre (por partida doble).

lunes, junio 2

Y le creo...




Generalmente, cuando los médicos me dicen que no tengo nada, no les creo. Salvo que haya un estudio de laboratorio de por medio.

Y bueno, hoy le creo a la Dra. que no tengo diabetes, sino una neuropatía horrenda. Mi examen de glucosa salió en 100.

¡Albricias!


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